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a great article from my "special" blogger friend qcyo.twoday.net

De todos estos "diarios" que estoy llevando, el que ha demostrado sacar más de mí es el octavo. Curioso que ese haya sido precisamente ese el número de diario que le asigné subconscientemente a Guatemala, mi amor/tormento, porque por lo general el número 8 es mi número favorito; la explicación más lógica e inmediata sería que, habiendo nacido un 8 de noviembre, el 8 es "mi" número. Y aunque es cierto que me siento de esa manera (como que el 8 es "mío"), esa no es la única ni la principal explicación- a mí gusta el 8 por muchas razones, siendo una preferencia pensada, racional y voluntaria. Me gusta porque es un número par, que es bueno porque es fácil de dividir en partes iguales y justas; es un número de un solo dígito, no muy bajo, tampoco muy alto, pero sí abundante de alguna manera; es el doble de 4, que siempre fue el número favorito del amor de mi vida, mi abuelito Coqui. Está compuesto, en mi mente, por la suma de dos números: el 5 y el 3, ambos números también importantes en mi vida; no sólo es redondo, es además simétrico; es bello, representado visualmente por la figura esencial, el círculo: dos círculos, unidos. Representa así la unión de dos elementos, ya completos en su individualidad, que juntos forman algo aún más especial. Esta última impresión que tengo del número 8 es trascendental, al menos para mí: representa el balance, que es mi ideal ideal de pareja, un ítem compuesto por dos sujetos independientes que se unen de manera voluntaria, unidos, pero no enredados, que mantienen límites, manifestando un inquebrantable respeto, siendo balance y brindándose mutuamente apoyo y estabilidad.